No se trata sólo de “derechos de la mujer”, es una cuestión de derechos humanos

Durante los últimos días, los medios de comunicación televisivos, radiales, impresos y las redes sociales nos han colmado de información sobre “la mujer”; explicitada así, con sentido genérico dejando la imagen mental de una silueta impersonal. Todo vinculado con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Entre los saludos, los buenos deseos y la promulgación de la Ley integral para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia por el presidente Evo Morales, aún no se percibe luz al fondo del túnel.

De acuerdo a organismos internacionales Bolivia tiene el más alto índice de violencia en contra de la mujer en Sudamérica; de acuerdo a la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia nuestro país ocupa el segundo lugar, en este ámbito, en Latinoamérica. No es necesario repasar a detalle los casos que cotidianamente salen a luz pública en los medios de comunicación: asesinatos, homicidios, violaciones, acoso y agresiones que nos confirman la lacerante situación en la que vivimos .

La nueva norma permite visibilizar el feminicidio, lo que permitirá dimensionar con mayor certidumbre las estadísticas que se refieren a la muerte de mujeres; empero, no es la solución al problema de la violencia en contra de la población femenina. La lógica punitiva del Estado durante la historia reciente ha demostrado que la imposición de penas y el agravamiento de ellas no disminuye “notoriamente” la comisión de delitos. ¿Y entonces de qué servirá la nueva Ley? Sin duda se trata de un primer paso importante; sin embargo, es necesario aceptar que para resolver un problema tan grave y profundamente enraizado en la cultura boliviana es necesario formular políticas públicas que asuman la integridad del problema.

Es importante asumir que la violencia no es sólo la agresión de un esposo, novio o desconocido hacia una fémina, sino que dicha agresión es el efecto que produce una sociedad en la que el trabajo doméstico es invisible, donde los estereotipos sociales trivializan a la mujer, donde el cuerpo femenino es un objeto para hacer “comercializable” cualquier producto, y donde los golpes “son una muestra de afecto”.

Si lo que se busca el solucionar el verdadero problema se requiere un conjunto de políticas públicas que se ocupen de reformar los espacios educativos para que las nuevas generaciones crezcan en ambientes equitativos, para ello es necesario reeducar a los “educadores”. Implantar mecanismos que impidan que la imagen femenina sea utilizada como objeto. Además de trabajar profundamente en el respeto de los derechos humanos de las mujeres. En última instancia no se habla de “derechos de la mujer” se debe hablar de la vigencia efectiva de los derechos humanos de las personas, y las mujeres … somos personas.

* Marianela Vidaurre