Columna Juan Manuel del Valle: Escobar, en oro y negro

Por Juan Manuel del Valle

Sorprendía Kurt Reincht, presidente atigrado cuando confirmaba el regreso de Pablo Escobar. En tres temporadas –entre 2005 y 2007- se había ganado al pueblo atigrado.

Retornaba tras un paso discreto por Cerro porteño de su país natal y deambular por equipos menores de Brasil donde alternó la titularidad con la banca, sabiendo que entre los 11 titulares tenía un lugar, por peso propio.

Regresó a su patria adoptiva exteriorizando su deseo de salir campeón. Primer estímulo, dulce para el oído de cualquier hinchada.

Pero no volvía nada mas que un buen jugador. A casa regresaba un hombre que atesora experiencia, futbolística y de las otras. Madurez para el juego y en la ascendencia sobre el grupo. Hombre querido por los parciales, respetado por los compañeros.

Respuesta con goles, aunque su equipo no funcionara. Responsabilidades asumidas para ordenar, para arengar dentro del campo.

Y apareció en su dimensión de líder y de hombre desequilibrante en el último clásico contra el disminuido Bolívar, anotando dos goles y marcando caminos. Era un partido ganable para The Strongest, pero debía ganarlo, y lo ganó.

Líder positivo. Carismático. De esos que no les tiembla la voz para reñir o estimular a un compañero, para encaminarlo. Para sus compañeros con trayectoria, para guiar a changos como Chumacero, salido de la entraña gualdinegra.

Tras superar a Oriente  Petrolero llegaba el momento de demostrar todos sus atributos, de juego y también los espirituales. Y dijo ¡presente! Como el alumno al docente. Cumplió. Tanto en el Siles como en el Patria. En la sede de Gobierno sirviendo el centro para la Apertura de Luis Melgar. Y en la Capital concretando a los cuatro minutos del partido el gol del Campeonato. Pudo haber hecho dos mas y hasta le cometieron dos penales no cobrados por Nelio García de muy mal arbitraje.

Si en Bolívar la figura de William Ferreira se dimensiona por si misma, la de Escobar todavía mas. Porque juega en un equipo colectivamente discreto, por errores del Mauricio Soria y de futbolistas técnicamente dispares e irregulares.

Por ser el goleador, el mejor futbolista, conducir a lo maestro, por influencia en sus compañeros, Pablo Escobar, con su presencia, fue la mitad del título conseguido anoche en Sucre, donde nació Bolivia. The Strongest es campeón del Apertura 2011. Campeón como en 2004, título que le quitaron en mesa y devuelto mas tarde. Ni el empate del brasileño Jefferson Lópes para Universitario opacó al hombre de Asunción y a sus compañeros. Campeonato con vuelta olímpica, picana, sidra y panetón. El rugido del Tigre tiene su figura en Pablo Escobar. Si su presencia el festejo hubiera sido imposible. Escobar, el que volvió para salir campeón, el que pensó en su público. Escobar, en oro y negro.