Columna Juan Manuel del Valle:¿Vamos a pagar para que nos maten?

Por Juan Manuel del Valle

La creciente posibilidad de que la competencia motora Dakar pase por Bolivia el próximo año genera desde ahora una gran preocupación, porque sencillamente no beneficia a nadie. No beneficia económicamente. Quienes vivimos en Bolivia tendríamos que abonarle a la empresa francesa Amauri, 2 millones de dólares para que la carrera atraviese nuestro territorio durante dos días. Pagaríamos, cada uno de nosotros, 20 centavos de dólar. La división es sencilla: 2 millones de Washingtones entre 10 millones de habitantes. Muy poco por persona, es cierto. Pero ese dinero podría emplearse para mejorar escuelas y comprar insumos hospitalarios, cosas mas importantes que una carrera. Cabe mencionar que los organizadores franceses ganan por año, 80 millones de dólares, aproximadamente, por ingresos publicitarios, derechos televisivos e inscripciones de los participantes. Además de obtener una fortuna quieren que les paguemos para que la carrera pase por el país. Cuando el presidente de la Federación Boliviana de Automovilismo Deportivo (FEBAD), Armin Franulic, sostiene de que el Dakar es una ventana al mundo es una opinión muy discutible. ¿El lago Titicaca y el Salar de Uyuni no representan nada? Si en lo monetario no asegura ninguna ganancia en lo humano y cultural tampoco. Desde 2009 –año de su debut sudamericano- ha dejado muertos entre pobladores de Argentina y Chile por accidentes evitables. Responsabilidad en su totalidad de corredores desaprensivos que se desvían del trayecto demarcado y a su paso atropellan personas y animales. Desde 1979 hasta 2007, las maquinas mataron en África a 11 niños y 12 adultos. Una sola persona mutilada es preocupante; la extinción de la vida, todavía mas. Al inmisericorde de Ettiene Lavigne (presidente de Amauri) no le interesa la vida de la gente de los países por donde pasa su circo motor, que además le dan de comer.

Antes en África y ahora en América del Sur: Argentina, Chile y Perú le cancelan a Amari para que sus bólidos hagan desastres en sus tierras. Pero el propio Lavigne suspendió la competencia de 2008, entre Lisboa y Ciudad del Cabo, cuando un grupo terrorista amenazó con estragarla en su paso por Mauritania. Ellos se cuidan; a nos pise un auto. Internet y las televisoras internacionales nos proporcionan posibilidades publicitarias mas efectivas que una monstruosa carrera de vehículos a motor donde los organizadores se llenan inescrupulosamente los bolsillos de dinero. Si el rally pasase por Bolivia, 438 rodados (170 autos, 193 motos, 50 camiones y 25 cuatriciclos) expondrán nuestras vidas a lo largo del trayecto. Nuestras vidas como así también la existencia de fauna, flora y ruinas arqueológicas y otros orgullos culturales. Como ya lo hicieron en Argentina y Chile. Y lo harán en Perú. Asesinos en potencia.

Ni la competencia Buenos Aires Caracas de 1948 -que cruzó Bolivia- dejó muertos entre la población local. En ese evento legendario corrieron solamente 138 máquinas. Ni el presidente Morales como tampoco el viceministro de Deportes Miguel Rimba pueden disponer alegremente de fondos públicos para el paso de un espectáculo económicamente caro e inseguro para la vida humana, animal y vegetal. Y aniquiladora de la rica arqueología que poseemos. ¿Vamos a pagar para que nos maten?